
Suena una canción que dice "no quiero ir a trabajar, hoy sólo quiero quedarme descansando....", es la alarma de mi móvil, son las 7:10. Empieza otro largo día, sin ti, claro. Mientras se hace el café salto a la ducha, y pienso que cada día me cuesta más madrugar, oigo el run run de la cafetera y el de mi corazón mientras intento despertarme. Me visto en dos minutos mientras voy dando sorbitos al café corriendo por toda la casa. Por fin encuentro las llaves del coche, cojo el donuts de las 11 y voy poniéndome la chaqueta por las escaleras. Son las 7:45. Me sumerjo en la vorágine de Madrid, semáforo en rojo, me enciendo el primer cigarro de la mañana. Mientras, Coque Malla canta a todo volúmen "Berlín" desde las entrañas de la radio del coche, el asiento del copiloto vacío y la bandeja de entrada de mensajes también, así que decido que es mejor mirar por la ventana y pensar que estoy ayudando a Coque a construir su casa en Berlín. Pero no. La gente corre porque pierde el autobús, avanzo 20 metros y me regodeo en lo calentito que se está aquí dentro, pero no es cierto, en realidad hace demasiad frío. Ya casi he llegado a Velazquez, por fin, espero que me pillen todos los semáforos en verde. Pero no. Segundo piti de la mañana, en realidad sólo lo enciendo porque mi mano derecha echa en falta las cosquillas que le hacías mientras conducía. Y se me hace raro no escucharte decir que voy a morir antes que tú de tanto fumar, y ver que eso te pone realmente triste. Nos paramos durante 5 minutos a la altura de ventas, es casi la peor parte de toda la M30 a las 8:30. Miro la plaza y me acuerdo de que siempre quisimos venir a verla, pero nunca nos dio tiempo, o a mi me dio demasiada pereza, ya sabes que no se puede aparcar, y yo la tengo muy vista. Observo a mis compañeros de atasco, unos cantan, otros maldicen, otros bostezan. Yo pienso en todas las fotos que me hubiera gustado hacerte y repaso todas las que te hice, los viajes que nos quedaron pendientes, y tus cosas en casa que no quieres recibir, sino que vaya a dártelas. Quizá por eso no las mando. Ya ves, no se me quita el gusanillo de ti, ni el run run de mi corazón, ni el del coche que parece que poco a poco va avanzando. Suena otra canción que me recuerda a ti, ya no se si te la enseñé yo o me la descubriste tú, sólo se que cuando sonaba brotaban chiribitas de nuestros ojos. Y no hacía falta más. El chico del coche de al lado se parece a ti, bueno, en realidad, todo el mundo se me parece a ti, te veo en todos lados, y el corazón no para de darme vuelcos inútiles. Porque nunca eres tú. Ya ves, esto es mi corazón sin ti. Maldigo e intento desperezarme del todo, y contar los números de la matrícula del de delante para tener la mente ocupada, pero sólo puedo contar los días que llevo sin ti, y todos los que pasamos juntos y felices. Cojo mi salida y explicaciones al vuelo de por qué te fuiste y me dejaste con este run run, y llego a la conclusión de que tú tampoco lo sabes porque el mensaje de hace unos días decía, a tu modo, que me echas de menos. Que bien, hoy he aparcado en la puerta. 8:45, llego a la oficina y ya he dejado las cosas en mi mesa, me da tiempo a un café y a pensar un poco más. Por fin dan las 9 y enciendo el ordenador, por unas cuantas horas de trabajo te escaparás de mi mente. Buenos días